miércoles, mayo 19, 2010

Jefes

Los jefes hacen básicamente dos cosas:

1. Reunirse: Se reunen. Mucho, a todas horas. El fruto de esas reuniones es...
2. Dar por saco a los que están debajo de ellos: no creo que hagan falta más explicaciones.

Tomando esto como base existen dos tipos de jefe:

1. Los jefes que intentan hacer de paraguas en la medida de sus posibilidades.
2. Los malos jefes.

Es doloroso ver cómo un jefe tipo 1 se convierte en un jefe tipo 2, pero sucede. Es algo así como una especie de degeneración que, imparable, acaba por alcanzar a todos. Pero esta es otra historia. Dentro de los malos jefes hay, de nuevo, otras dos subdivisiones:

2.1. El mal jefe que, siendo o no consciente de que lo es, no lleva a engaño a sus subalternos.
2.2 El mal jefe que, siendo consciente de que lo es, intenta enmascararlo de diversas formas.

Éstos últimos son los peligrosos, sobre todo porque algunos han refinado tanto sus técnicas que prácticamente se confunden con el jefe tipo 1.

He aquí unos prácticos consejos sobre cómo diferenciarlos en algunas situaciones:

Trabajo sorpresa
- Tipo 1: Pues sí, nos ha caido encima este trabajito y es urgente. Estoy liado pero sacaré tiempo. No hagas nada hasta que lo planifiquemos con la gente.
- Tipo 2.2: Pues sí, nos ha caido encima este trabajito y es urgente. Qué faena. Estoy liadísimo con reuniones e historias. Te mandaré un correo con el tema.

Acometiendo un proyecto
- Tipo 1: Necesitamos una web con instrucciones antivirus. Acabo de bajar de ver al jefazo y, como de costumbre, no me ha dicho nada concreto. De manera que haz algo preliminar y que no cueste mucho cambiar. Sobre eso trabajaremos hasta que tengamos el contenido definitivo.
- Tipo 2.2: Necesitamos una web con instrucciones antivirus. Acabo de bajar de ver al jefazo y es lo que me ha dicho, Menudo marrón macho, pero en fin, a por ello. Vé haciéndola y yo te echaré un cable. Cuando acabes me avisas para que le eche un vistazo.

Día a día del desarrollo
- Tipo 1: Vale, estos cambios parecen correctos. Cuéntame por qué los has hecho para que pueda defenderlos arriba y no nos toquen las narices más de lo necesario.
- Tipo 2.2: Vale, estos cambios me gustan. A ver si hay suerte y arriba opinan lo mismo.

Presentación del proyecto
- Tipo 1: De acuerdo, déjame hablar a mí, que el jefazo se las trae. Creo que no tenemos cabos sueltos pero no le toquemos las narices al diablo.
- Tipo 2.2: De acuerdo, vamos a ver al jefazo. ¿Lo tienes todo bien preparado? No sea que nos pille en un renuncio, que es muy ladino. Vamos, seguro que lo harás muy bien.


El caso es que prefiero un mal jefe a un mal jefe con pinta de buen jefe. Con éstos uno nunca sabe a qué atenerse mientras que aquellos nunca defraudan.

jueves, marzo 11, 2010

¿Cómo se puede considerar sagrada la vida humana...

... sin considerar sagrado cualquier tipo de vida?

No lo sé. Pero hay personas que lo consiguen.

Si en vez de sacralizar el asunto optamos por hablar de órdenes de importancia, es evidente que la propia vida debería ocupar siempre el lugar prominente, aunque el único motivo sea el altruista motivo de que si uno se muere no podrá salvar otras vidas o ayudar a otras personas.

El siguiente escalón en importancia lo ocuparían los seres cercanos, sean familiares, amigos, mascotas... en general cualquier ente (animado o no animado) por el cual se sienta afecto.

Y luego viene el resto del universo, con su propio y particular escalafón.

Intentar dotar de un valor a una vida humana es complicado. Tanto que siempre se opta por decir que la Vida Humana, en General, tiene un valor incalculable. Ni mucho ni poco, simplemente incalculable. Todos los problemas morales inherentes a la medición de su valor se volatilizan, y con ellos también lo hace la responsabilidad de llevarlos a cuestas.

Lo ejemplifico extremo, como todos los ejemplos: si yo quisiera mucho a mi perro (un ser no humano), y llegase un desconocido y lo matase por capricho, lo único que salvaría a ese hijo de puta de encontrar la muerte en mis manos sería el miedo que yo tuviera a las represalias sociales (multas, carcel, muerte de la vida social etc) por mi acto. Si estuviera seguro de poder actuar impunemente, la vida de esa persona llegaría a su fin. A ser posible violenta y dolorosamente.

Sí, yo valoraría más la vida de mi perro que la de un miserable.

No me importa la vida humana. Me importan las vidas de los seres, humanos o no, que tengo alrededor.

Obviamente cualquiera que diga que un ser humano vale más por el hecho de ser humano tiene todo el derecho a decirlo. Pero la importancia es un valor relativo y personal, y en mi escala de valores eso no encaja.

Hagamos funcionar la máquina del tiempo hacia atrás. Cuando estaba en segundo (creo) de EGB, yo estudiaba en un colegio de los Hermanos de La Salle. Esos hermanos estaban abiertos al debate, y la clase de Religíón consistió básicamente en debates y conversaciones durante todos los años de la EGB y el BUP. Tuve suerte en ese sentido.

Un medio día, antes justo de entrar al comedor, me acerqué al hermano Andrés, una de las personas de las que guardo mejor recuerdo. El hombre ya estaba mayor, pero seguía teniendo energía para jugar con los más pequeños. El caso es que cuando llegué a donde estaba le pregunté:

"Hermano Andrés, ¿por qué nosotros le importamos más a Dios que las hormigas? ¿Por qué somos tan importantes?".
"Porque nosotros estamos hechos a Su imagen y semejanza".
"Pero entonces, -seguí preguntando- ¿acaso a Dios no le importan los árboles o los animales?"
"Claro que le importan, pero nosotros somos sus hijos predilectos".

En aquel momento algo en mi interior hizo crack. Y esa fractura sigue existiendo a día de hoy, cuando la máquina del tiempo nos devuelve al presente.

Por entonces pensaba "No. No estoy de acuerdo. No creo en ese dios. Un dios como ese no tiene derecho a existir". Dulce inocencia la de la niñez. Me costó mucho asumir que las cosas simplemente existen, y suceden, aunque sean injustas.

Ahora una conversación en primicia.

*plop*

Dios: Recuerda: No matarás.

Yo: ¿Por qué?

Dios: Porque no puedes dar la vida.

Yo: ¿Que no? Tú solucióname el tema de la logística y mi chica y yo tendremos tantos hijos como yo... Bueno, tantos como ella quiera." (Un hombre puede discutir con Dios de tú a tú, pero la mujer manda en ciertas parcelas, y ni el hombre ni Dios tienen nada que hacer, es lo que hay).

Dios: Me refiero a que no puedes devolver la vida a aquel al que se la quitas.

Yo: Desde luego que no. Y aunque pudiera no lo haría. El mundo está mejor sin cierta gente.

Dios: Ya. Y tú, con tu visión global y completa y con tu criterio estrictamente objetivo eres el juez para decidir eso." (Dios, como todo ser consciente que lleva mucho tiempo observando lo que pasa a su alrededor, conoce bien el sarcasmo y el cinismo).

Yo: No aspiro a ser lo que se supone que eres tú...(pausa)... por lo menos no a corto plazo. Pero hay seres humanos malvados, gente sin escrúpulos, asesinos... hay hasta políticos. POLÍTICOS ¿oyes? ¿Qué hemos hecho el resto para soportar semejante carga?

Dios: Nada, aparte de existir. Pero di al ser humano libre albedrío, igual que al resto de seres, para que conociese el significado de eso llamado libertad. Cada uno sois responsables de vuestra vida y de vuestras acciones, por más que os empeñéis en buscar instancias superiores (yo por ejemplo) a las que culpar de vuestras desgracias.

Yo: Y este original argumento, ¿cómo se compenetra con el mandamiento de "No matarás", o ya puestos con cualquier otro mandamiento? ¿Para qué darnos mandamientos si deseas que conozcamos la libertad?

Dios: Aunque te resulte curioso, ese mandamiento, o cualquier otro, no es una orden, sino una oportunidad para que el ser humano sea consciente de algunas verdades realmente universales. Aunque se llamen mandamientos, su verdadera función no es la de ser impuestos, sino aceptados. El ser humano es un ser con un fuerte instinto de supervivencia pero también con un fuerte instinto autodestructivo. Decir "No mataré" implica dar la espalda a un instinto firmemente arraigado que es el de acabar con la amenaza que suponen los otros. Es una apuesta a favor de la existencia de otros seres humanos, aunque éstos no se ajusten a tu idea de cómo deberían ser. Los seres humanos no sois valiosos por ser mis hijos predilectos, sino porque cada uno representa un potencial en sí mismo y también en relación con los demás seres humanos.

Yo: Entonces lo que estás diciendo es que dando la oportunidad de existir a cualquiera, lo que estamos haciendo es aumentar las posibilidades de evolución de nuestra raza. No lo entiendo. ¿Acaso los seres humanos vamos a ser mejores por alumbrar y permitir la existencia de asesinos?

Dios: Si retrocedes al principio de la conversación verás que hemos empezado porque tú querías convertirte en un asesino. Pero dejemos eso por ahora. El tema es sencillo. Los ejemplos de Adán y Eva o de Caín y Abel son los primero de una larga serie de grandes caminos que se abrieron gracias a un primer acto contra una ley preestablecida. Las leyes siempre van encaminadas a mantener un sistema y los seres humanos evolucionáis, crecéis y eventuálmente os preguntáis el porqué de la existencia de esas leyes. Y las rompéis cuando creéis que tenéis derecho a ello o simplemente para ver qué hay al otro lado. Es un acto que se toma por liberador pero os olvidáis de que siempre habéis tenido en vuestra mano la libertad para romper la ley. No sois más libres que antes por hacerlo sino, tal vez y con un poco de suerte, más sabios.

Yo: ¿Entonces no me castigarás si decido matar a ese bastardo que ha envenenado a mi perro?

Dios: Yo no castigo ni recompenso. Cada acto lleva consigo su mérito y su carga.

Yo: Claro, pero a mí me meterán en la cárcel y a él solamente le ha caido una multa. Mi perro valía mucho más para mí que la mayoría de las personas que he conocido. Es injusto.

Dios: Las leyes no son injustas ni justas, simplemente están ahí. Tú tienes libertad para escoger si merece la pena matar al que mató a tu perro saltándote la ley. Ahora bien, apechuga con las consecuencias, seas las que sean.

Yo: Pero... si no me castigas por hacerlo ni me recompensas por no hacerlo, ¿¿para qué sirve que existas?? (esto es lo que se conoce como un argumento potente).

Dios:*Risas prolongadas*. Pues mira, no te puedo dar una razón para mi existencia como tampoco puedo dártela para la tuya. Simplemente estamos aquí. Y mientras tanto habrá que intentar hacerlo lo mejor posible, ¿no?

Yo: Entonces ¿por qué has venido a tocarme las narices y a decir "no matarás" si no vas a hacer nada en caso de que decida cargarme al tío ese?

Dios: Para que hagas lo que estás haciendo, meditar y razonar y ser consciente de las consecuencias. Matar no tiene vuelta atrás y quería asegurarme de que te enfrentabas al hecho con las cosas claras. De todas formas tú haz como si yo no existiera si hace que te sientas más cómodo.

Yo: Pero existes. Leñe, estoy hablando contigo. No suelo hablar con dioses todos los días.

Dios: ¿Existo realmente o solamente soy fruto de tu imaginación? No, no pongas esa cara. No importa realmente si existo o no, mas allá de lo que tú creas al respecto. Es cosa tuya. Ah, el cómo afecta esa creencia a tu vida y a tus actos también son cosa tuya. No digas que no te doy libertad ;)

*plop*

miércoles, octubre 07, 2009

El camino, el fuego, el ser humano

Durante bastantes años he tenido como uno de mis vectores maestros que la bondad humana era algo que había que potenciar con la herramienta de la consciencia. Estaba equivocado, pero no del todo, en lo de la consciencia acerté.

No me extraña que numerosos sabios desde tiempo inmemorial hayan aconsejado a los gobernantes que mantuvieran a la masa en un punto de controlable de incultura y falta de curiosidad. La consciencia es poderosa, es lo más poderoso del mundo. Y por lo tanto también es lo más peligroso.

A grosso modo considero como piedra maestra que solamente es moral aquel ser humano que no hace a los demás aquello que no desea que le hagan. Obviamente esto es una opinión y por tanto matizable, pero no admito matiz con respecto a la base.

Solamente es moral aquel que desea que el cosmos sea un reflejo de sí mismo, aquel que hace aquello que le gustaría recibir, que no hace aquello que no desearía que le hicieran.

Tomemos por ejemplo el fuego; tenemos la cerilla encendida, el candil en la oscuridad, el alto horno de la fundición y la hoguera en la montaña. Tenemos el incendio de una casa, de un monte, de un cigarrillo. Tenemos las estrellas y las novas. Pero todas ellas son fuego. Y esa afirmación es Fuego.

Todas las religiones tiene su moral propia, pero esto es la base. Todo nace de aquí.
Y es una base inmoral.

Es una base inmoral porque no está sujeta a las normas que emanarán de ella. No es una norma buena ni mala, ni beneficiosa ni perjudicial. Simplemente es, pura y simple. Por eso no puede ser corrompida, pero sí utilizada. Es una herramienta poderosa. Como el fuego.

Llevar la vida propia acorde a ese axioma comprende que hay que diferenciar entre uno mismo y el otro, entre lo propio y lo ajeno, entre lo familiar y lo extraño, entre lo conocido y lo desconocido.

Y eso nos convierte en jueces, en observadores del universo. Juzgando y viviendo, así transcurren nuestros días. Pero... ¿cómo podría nadie ser juez si solamente fuese capaz de tomar en consideración los factores externos sin ponerse en el lugar de aquello que juzga? ¿Cómo podría dictar sentencia sin siquiera tratar de convertirse en el reo? ¿No debería acaso juzgarse a sí mismo para tratar de dilucidar qué sería lo más conveniente? Sin juez no hay juicio, así que el juez no puede ser dejado de lado. Es juez y parte, es juez y enjuiciado.

El mejor juez es aquel que se da cuenta de que realmente no hay distancia entre el juez y el reo, entre el observador y lo observado.

Pero esto, aunque interesante, no resuelve cuestiones diarias en una sociedad como la nuestra, donde hay leyes superiores dictadas cuya obediencia es inherente a la vida en dicha sociedad. Ciertamente hay situaciones injustas, inmorales con el modo aceptado comúnmente de ver los asuntos, pero que se presentan diariamente. ¿Cómo, pues, saber lo que es justo y lo que no, lo que es bueno y lo que no?

Consciencia.

La consciencia es la verdadera espada de la justicia. No hay nada que no pueda cortar como la mantequilla. Alguien consciente es alguien poderoso. Sí, la consciencia es como el fuego, herramienta de creación y de destrucción.

Digo esto porque de todo lo anterior se deduce que solamente hay un camino moral y consciente: el partir de uno mismo y querer crecer y mejorar; y por lo tanto hacer crecer y mejorar todo lo de alrededor. Hacer solamente lo deseado para uno y para el cosmos. Cualquier cosa fuera de este infinito abanico de posibilidades es autodestructiva.

Un asesino no puede seguir este camino porque hacerlo solamente contempla dos posibilidades: o bien dejar de asesinar o bien suicidarse. El ladrón o deja de robar o se quedará sin nada. El destructor o deja de destruir o será destruido. Tal es el camino.

Es por eso que abogo porque de los males que nos aquejan y aquejan al mundo, la inconsciencia es la principal causa, y no la maldad. La inconsciencia es oscuridad, y en la oscuridad se avanza a tientas, a veces atropellando a compañeros, a familiares o a desconocidos. La consciencia es luz, luz que permite ver las maravillas y atrocidades del universo, que nos hace conscientes del recién nacido y del moribundo, del sano y del enfermo... de la propia luz y de la propia oscuridad.

Consciencia y Moral, las herramientas de las herramientas.

Sí. Solamente hay un camino a seguir. Mi camino. Y el de todos. Y por lo tanto de nadie. Por eso es de todos.

lunes, septiembre 14, 2009

Operación Boldozer, o de cómo un grupo de maravillosos chiflados vinieron a mi casa con el objetivo de convertirla en un lugar habitable de nuevo

Mi casa está irreconociblemente hermosa. Hacía años que no la veia así.

Y esto es gracias a vosotros chicos. Ignoro qué estupendas acciones he debido realizar en vidas pasadas para tener el placer y el honor de conoceros y estar cerca de vosotros, pero han debido ser muchas y muy buenas.

Muchos de mis lectores no sabrán en qué estado han llegado a estar ciertas zonas de mi casa, fruto de la dejadez y de la vaguería del morador, y yo no voy a comentarlo aquí; pero la cantidad de basura, de suciedad, de recuerdos, de objetos que ya no tienen valor, que salió por la puerta de mi casa bastó para llenar tres contenedores de basura de los grandes. Enough said. Y aún faltan cosas por sacar.

No tengo palabras para expresaros mi agradecimiento chicos. En serio. Todos vosotros habéis hecho un esfuerzo enorme para que esta casa volviera a ser una casa.

Imperator, Nur, no sé qué clase de personas sois para haceros un viaje de 1500 Kms solamente con el objetivo de limpiar la casa de un colega, pero lo que sí sé es que quiero más personas como vosotros en el mundo.
Nur
, por la gracia que me ha sido concedida te doy los títulos de Destructora De Estropajos Y Bayetas Por Una Buena Causa, y Eliminadora De Lípidos Y Demás Sustancias Afortunadamente No Identificadas Incrustadas Al Mobiliario. Gracias por ser la principal promotora de esto. y por echarle narices, que había que echárselas para entrar en la cocina. Eres increible.
Imperator
, El Que No Se Dejó Arredrar Y Llevó Al Pollo Del Horno Amén De Muchas Otras Cosas Hasta Su Descanso Final En El Contenedor, gracias por meterte en el equivalente a una zona de guerra, sobre todo porque sé lo poco que te gusta el desorden.

Athair, gracias por venir teniendo que currar como un titán durante todo el finde encadenando turnos dejando el mínimo para descansar. Eres un hacha.
Rapun, gracias por estar ahí organizando y currando como la que más; aunque digas que una casa ajena se limpia mejor que la propia eso no resta ni un ápice de mérito.

Molecula, sé que le tenías ganas a la cocina y a la casa en general. Habéis vencido por goleada. Gracias por ser tan maravillosamente eficiente y por anteponer planes mucho más interesantes y divertidos que éste para venir.

Persefone, amor mío, no puedo decirte mucho más de lo que ya te he dicho. Muchas gracias por estar permanentemente ahí apoyándome y dándome cariño, amor y ánimo. Vivir la vida contigo es algo para lo que aún no se han inventado palabras que puedan definirlo. Gracias. Por todo.

Os quiero chic@s. Ahora esta casa también es vuestra. Y como morador que pasa más tiempo en ella os prometo que la cuidaré para que cuando regreséis la encontréis igual o mejor de lo que la dejásteis.

domingo, septiembre 13, 2009

¡Ya soy tio!

Me acaba de llamar mi padre y me ha dado la gran noticia: mi hermanita dió a luz a las cinco de la mañana a una hermosa niña, la pequeña Annael; aunque por lo visto de pequeña no tiene nada (3.600 gr).

Muchas felicidades hermanita, te quiero un montón. Y también felicidades al padre de la niña, que es un tío estupendo. Que seais los tres muy felices.

- Actualización -

Acabo de recibir una foto de la pequeña ¿No es para comérsela a besos?

¿A que estoy mona con mi gorrito?

martes, julio 14, 2009

Esta noche mis trastos se quejan

Intentando dormir me acuesto y miro
y ellos me devuelven una mirada
pidiendome volver a su morada.
Y el dueño, yo, me vuelvo en medio giro.

"¿Dónde demonios estará la almohada?"
Maldice el dueño hastiado en un suspiro.
"Objetos" -dice- "amigos de retiro
sereis hasta que la obra esté acabada."

Y el colchón va y se une a la reclama.
Y el suelo y la pared. ¡Qué multitud!
"¡Callaos u os hago pasto de las llamas!"

Como decía Krahe, ¡por Manitú!
No, no estoy nada a gusto en esta cama.
En ella sobran cosas. Faltas tú.